Disfunciones sexuales

Llamamos disfunción sexual a la dificultad para completar el Ciclo de Respuesta Sexual (CRS), entendiendo como tal la secuencia ordenada de cambios que se producen en nuestro organismo cuando estamos ante un estímulo sexual. Las causas las podemos englobar en dos categorías: orgánicas y psicosociales

Entre las causas orgánicas que pueden influir en el ciclo de la respuesta sexual están aquellas que afectan a los mecanismos vasculares de la zona genital, factores endocrinos, enfermedades, fatiga, dolor, ciertos medicamentos, drogas, etc.

Entre las causas de tipo psicológico podemos distinguir la falta de información que contribuye a la formación de unas expectativas erróneas en torno al funcionamiento sexual; la educación recibida que fomentará una actitud positiva o negativa y, por lo tanto, la forma en cómo vamos a vivenciarnos como seres sexuados; experiencias sexuales traumáticas como violación o abusos; la falta de autoestima y la no aceptación de nuestra imagen corporal; la ansiedad generada por la aparición de una disfunción sexual, etc.

En términos generales cuando se presenta uno de estos problemas por primera vez, no hay que desesperar, sino tratar de solucionarlo con la pareja lo antes posible. Lo que hace que algunos de ellos se agraven considerablemente es la falta de comunicación y el darle excesiva importancia. Con una buena educación sexual y unas pautas básicas, la mayoría de ellos tienen solución.

Pero si la situación se mantiene en el tiempo, es muy probable que la comprensión deje paso a la exigencia, o a la inapetencia, contaminando de esta manera otros aspectos de la relación como la comunicación, las muestras de afecto, la intimidad, etc. No siempre es fácil discernir cuál es la causa y cuál el efecto, ya que el deterioro de estos aspectos también pueden ser el origen de una disfunción sexual.

Algunos de estos problemas son:

Ø Vaginismo: es una contracción instintiva de los músculos de la zona de la vagina que cierra el orificio vaginal impidiendo la penetración. A veces es fruto del miedo al coito o al embarazo, o simplemente se presenta en las primeras relaciones coitales por puro desconocimiento de lo que va a ocurrir. Casi siempre tiene un origen psicológico y en general se suele solucionar con éxito.

Ø Anorgasmia: es la dificultad para obtener orgasmos. Es uno de los trastornos más frecuentes en la mujer. Las causas pueden ser varias:

- Insuficiente estimulación sexual

- Miedo a que se produzca un embarazo

- No disponer de un sitio adecuado para hacer el amor

- El estado de ánimo

- Estar demasiado pendiente de alcanzar el orgasmo

- Problemas orgánicos

Ø Impotencia: incapacidad para obtener y mantener una erección del pene el tiempo suficiente para tener una relación sexual satisfactoria. Con mucha frecuencia, las causas de este tipo de trastornos son de origen psicológico:

- Cansancio o bajo estado de ánimo

- Problemas en la relación de pareja

- Miedo al fracaso e inseguridad con respecto al apareja

- Pensamientos negativos acerca de la sexualidad

Entre las causas físicas se encuentran: diabetes, hipertensión, obesidad y uso de tabaco.

Ø Eyaculación precoz: es un trastorno muy frecuente en los hombres, sobre todo en jóvenes (entre un 20 y un 40 % de los hombres lo sufren). Para considerarla una disfunción tiene que ocurrir al menor un 25% de las relaciones sexuales. La mayoría de las veces las causas son psíquicas:

- Realizar el coito en lugares incómodos o poco íntimos

- Que la pareja tenga prisa por acabar

- Situaciones de estrés

- Eyaculación muy rápida durante la masturbación

Ø Disminución del deseo sexual: también denominado deseo sexual inhibido (DSI): es más habitual en mujeres que en hombres y generalmente tiene que ver con estados depresivos, una mala relación de pareja, baja autoestima o experiencias desagradables con respecto al sexo.

Ø Dispareunia: dolor en los genitales durante o inmediatamente después de la actividad sexual.

Ø Aversión sexual: miedo irracional a la actividad sexual.

Para poder hablar de disfunción sexual, el síntoma se ha de presentar de una manera persistente o recurrente, es decir, que se mantenga en el tiempo. Así mismo, el síntoma se presenta a pesar de tener una estimulación adecuada

Tratamiento

Antes de comenzar una terapia psicológica, se ha de descartar cualquier posible causa fisiológica. Para ello deberá acudirse al especialista para que realice un chequeo relacionado con el motivo de consulta. Toda disfunción sexual es susceptible de tratamiento. A las sesiones terapéuticas han de acudir los dos miembros de la pareja, ya que la disfunción sexual se da en el ámbito de la relación, aunque sea una persona quien presente el síntoma. Dependiendo de qué disfunción se trate y de su etiología, sí puede hacerse un abordaje individualizado en las primeras entrevistas.

Es muy probable que antes de acudir a un especialista hayamos intentado todo para poner fin al problema, sin obtener los resultados esperados, máxime cuando el hecho de plantearnos acudir a terapia para hablar de “estos temas” es una decisión incómoda. Esto hace que se tome esta decisión cuando la relación ya se torna insoportable, lo que empeora el problema inicial.

El tratamiento está dirigido a ofrecer información, a disminuir la ansiedad generada por la disfunción, y de esta manera llegar a completar el ciclo de respuesta sexual, así como a potenciar y enriquecer la vida afectiva de la pareja.


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